En los próximos años, el paisaje del Valle del Itata podría cambiar para siempre. A los viñedos patrimoniales, al bosque nativo y a la costa se sumarían decenas de torres de alta tensión y parques eólicos coronando los cerros de la Cordillera de la Costa, junto a dos grandes subestaciones eléctricas cerca de Quirihue. Todo esto llega envuelto en una sopa de letras y números —kV, MW, MVA— que parece diseñada para no entenderse.
Conviene decirlo desde el principio, porque es el corazón de este artículo: de toda la enorme cantidad de electricidad que podría generarse en nuestros cerros, solo una fracción mínima quedaría para la provincia. El grueso viajaría por estas nuevas autopistas eléctricas hacia Santiago y el polo industrial de Concepción. Es un patrón que ya se repite en otras zonas de Chile: territorios rurales que cargan con el impacto ambiental de la generación, mientras los beneficios económicos —y hasta las patentes comerciales— se cobran en otra parte. No es necesariamente ilegal ni técnicamente irracional —el sistema eléctrico chileno es interconectado y comparte la energía entre regiones—, pero sí plantea una pregunta incómoda que esta comunidad merece poder formular con los datos en la mano: ¿quién gana y quién pone el territorio?
Vamos por partes, y con calma.
Primero, el vocabulario: voltios, vatios y la analogía del río
Antes de hablar de subestaciones, necesitamos tres palabras. Y la mejor forma de entenderlas es imaginar un río.
El voltaje (los "kV" o kilovoltios) es la fuerza o presión con la que se empuja la electricidad por los cables. Un kilovoltio (kV) son mil voltios. El enchufe de su casa funciona con 220 voltios; una línea de transmisión de 220 kV trabaja con 220.000 voltios: mil veces más presión. ¿Por qué tanta? Porque igual que con el agua, para mover mucha electricidad a gran distancia sin perderla por el camino conviene empujarla con mucha fuerza. Las grandes "autopistas eléctricas" del país van en 220 kV, o incluso 500 kV. Las "calles" locales que reparten a los pueblos van en voltajes más bajos: 66 kV o 23 kV.
La potencia (los "MW" o megavatios) es la cantidad de electricidad que circula y se usa. Un vatio (W) es minúsculo: una ampolleta moderna consume unos 10 vatios. Un megavatio (MW) es un millón de vatios. Para hacerse una idea: 1 MW alcanza, muy gruesamente, para abastecer a unos 700 u 800 hogares chilenos promedio. Cuando se dice que un parque eólico tendría "250 MW", hablamos de una central capaz de abastecer, en teoría, a una ciudad mediana entera.
Los MVA son un primo cercano del MW; para este artículo puede leerlos casi como si fueran lo mismo. Miden la capacidad máxima que aguanta un equipo —un transformador, un cable— antes de sobrecargarse. Si el MW es el agua que pasa, el MVA es el ancho del tubo: define cuánto cabe.
Con estas tres ideas —presión (kV), cantidad (MW) y ancho del tubo (MVA)— ya podemos contar la historia.
Por qué el Itata se habría llenado de proyectos de viento
El Valle del Itata y la costa de Ñuble tienen un recurso que el mercado energético codicia: viento constante y terrenos de bajo costo. Eso ha atraído a un número inédito de empresas. Tanto, que grupos ambientalistas y vecinos hablan abiertamente de un "tsunami eólico", y la cifra les da la razón: solo los proyectos eólicos de Ñuble que ya han ingresado al Servicio de Evaluación Ambiental sumarían una inversión del orden de US$2.636 millones. Tan solo en la comuna de Cobquecura hay al menos seis solicitudes de conexión a la subestación Las Delicias de parques eólicos, por sobre los US$1.200 millones: Chanco, Fariña, Quirihue Poniente, Ambrosía, Esmeralda y Cobquecura.
Pero generar electricidad no sirve de nada si no hay por dónde sacarla. La energía necesita autopistas —las líneas de transmisión— para viajar hasta los centros de consumo. Y aquí está el dato que más debería hacernos pensar: Ñuble ya es una región excedentaria, es decir, hoy produce más energía de la que consume. Los nuevos parques, entonces, no vendrían a "dar luz a la zona" —la zona ya tiene de sobra—, sino a exportar energía hacia afuera, en buena medida para alimentar el polo industrial de Concepción y las proyectadas plantas de hidrógeno verde. Conviene tenerlo presente cada vez que se escuche el argumento del "progreso para Itata".
Las autopistas eléctricas que cambiarían el mapa
La línea Itahue–Hualqui. Es la megaobra de fondo. Sería una línea de 2x220 kV de casi 407 kilómetros recorriendo el Maule, Ñuble y el Biobío por la zona costera, atravesando 20 comunas, con una capacidad de 485 MVA por circuito. El "2x" significa que llevaría dos circuitos, como una autopista de dos pistas. Su titular es Mataquito Transmisora de Energía, filial de la española Celeo, y su inversión bordearía los US$324 millones, lo que la convierte en el segundo mayor proyecto de transmisión en evaluación ambiental del país. Es la columna vertebral de todo: sin ella, nada de lo demás se sostiene, y de hecho la construcción de nuestras subestaciones quedó condicionada a que esta megalínea avance.
Su tramitación ha sido todo menos pacífica. Ingresó al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) en agosto de 2020, fue rechazada por el SEA en noviembre de 2024, y sin embargo el Comité de Ministros la aprobó con condiciones en junio de 2025, pasando por encima de aquel rechazo. Esa decisión encendió la resistencia: veinte alcaldes de las tres regiones —entre ellos los de Quirihue, Cobquecura, Trehuaco y Coelemu— formaron un frente común, firmaron un convenio intermunicipal y viajaron a La Moneda a exigir explicaciones, denunciando que el proyecto se aprobó sin consulta ni información previa a las comunidades.
La línea Tiquel–Las Delicias. Esta sería la pieza que de verdad le abriría futuro a la generación de Quirihue. Aprobada en el Plan de Expansión de la Transmisión 2024 de la Comisión Nacional de Energía (CNE), sería una nueva línea de 2x220 kV de al menos 1.000 MVA por circuito, conectando nuestra subestación Las Delicias con una nueva subestación llamada Tiquel y, a través de ella, con el sistema de 500 kV. Es un tubo más del doble de ancho que la línea costera. ¿Por qué nació? Por una razón concreta: el corredor costero (la propia línea Itahue–Hualqui) ya viene congestionado, y el Coordinador detectó que el tramo entre las subestaciones Nirivilo e Itahue no daría abasto para evacuar toda la generación que se pretende instalar. Tiquel–Las Delicias sería, en el fondo, una segunda salida —una válvula de escape— para que los parques eólicos del Itata puedan exportar su energía directamente al sistema troncal de 500 kV, sin depender solo del saturado corredor de la costa.
La línea Tiquel–Tiuquilemu. Es el tramo de 500 kV —la máxima tensión del país— que conectaría la nueva subestación Tiquel con el sistema troncal nacional en Tiuquilemu (enlazando con la futura línea 2x500 kV Ancoa–Entre Ríos). Es, por así decirlo, la rampa de acceso que enchufaría toda la energía del Itata a la gran autopista de Chile. Que se construya un tramo en 500 kV no es un detalle menor: es el nivel reservado para las grandes arterias del país, y su sola presencia revela la magnitud de lo que se pretende mover desde esta zona.
Y una cuarta, más pequeña pero clave para nosotros: la línea Las Delicias–Coiquén, de 2x66 kV, aprobada en el Plan de Expansión 2021. No sería una autopista, sino más bien un camino vecinal uniendo las dos subestaciones de la zona, de unos 10 kilómetros y unos 46 MVA por circuito. Guarde este número, porque explica buena parte de la historia.
| Línea | Tensión | Capacidad | Origen / estado | Rol en la historia |
|---|---|---|---|---|
| Itahue–Hualqui Celeo (España) · ~407 km · US$324 M | 2x220 kV | 485 MVA por circuito | Rechazada por el SEA (nov. 2024); aprobada por el Comité de Ministros (jun. 2025) | La columna vertebral costera: condiciona todo lo demás |
| Tiquel–Las Delicias | 2x220 kV | ≥1.000 MVA por circuito | Plan de Expansión 2024 (CNE) | La segunda salida: abriría ~950 MW de capacidad firme de exportación |
| Tiquel–Tiuquilemu | 500 kV | Nivel troncal | Plan de Expansión 2024 (CNE) | La rampa que enchufa el Itata a la gran autopista eléctrica de Chile |
| Las Delicias–Coiquén ~10 km | 2x66 kV | ~46 MVA por circuito | Plan de Expansión 2021 (CNE) | El "camino vecinal" local: el único tramo pensado para repartir aquí |
Elaboración propia a partir de los Planes de Expansión 2021 y 2024 (CNE) y antecedentes del Coordinador Eléctrico Nacional y del SEA.
🗺️ El sistema completo, sobre el territorio
Todas las piezas de esta historia en un solo mapa: subestaciones, líneas de transmisión, parques en fila, el detalle del PE Culenco y las concesiones mineras que los desarrolladores mantienen sobre el mismo suelo. Active o apague capas, y toque cualquier elemento para ver su ficha.
Fuente: KMZ comunitario "Sistema S/E Las Delicias" (elaborado con datos de CNE, Coordinador Eléctrico, SEA y SERNAGEOMIN). El trazado de las líneas Tiquel–Las Delicias y Tiquel–Tiuquilemu es referencial: el definitivo lo fijará la ingeniería de cada obra. Mapa base © OpenFreeMap · © colaboradores de OpenStreetMap.
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El cambio de lugar de Las Delicias (y por qué podría reabrir expedientes ambientales)
Hay un dato poco difundido que merece atención. La subestación Las Delicias cambió de emplazamiento entre un plan y otro. En el Plan 2021 se definió que seccionaría la línea costera a unos 53–55 km de la subestación Dichato. Pero en el Plan 2024, la CNE fijó una ubicación distinta: la subestación debería emplazarse 3 km al sur de la localidad de Pocillas, tomando como referencia la intersección de la ruta M-730-N con la ruta M-764, dentro de un radio de 4 km. En el mapa de arriba puede ver este corrimiento: es la línea segmentada gris que une ambas ubicaciones.
El efecto dominó sobre el Parque Eólico Culenco
Cuando una subestación se mueve, las líneas y "sublíneas" dedicadas que conectan a los parques eólicos con ella también deben re-trazarse, y muchas veces se alargan. Si la sublínea del Parque Eólico Culenco aumenta su extensión de forma significativa respecto de lo evaluado, ese cambio podría obligar a un reingreso o a una modificación de su evaluación ambiental ante el SEA, porque ya no se estaría construyendo lo mismo que se aprobó. Un simple corrimiento de coordenadas en un informe técnico puede gatillar nuevos trámites, nuevas observaciones ciudadanas y nuevos plazos. Vale la pena seguirlo de cerca.
Las dos subestaciones: para qué serviría cada una
Una subestación eléctrica es como un nudo de carreteras: ahí la electricidad cambia de voltaje y se reparte hacia distintos destinos. Dentro de cada una hay "patios" (zonas organizadas por voltaje), y dentro de cada patio hay barras (los rieles conductores principales, como los andenes de una estación) y paños o diagonales (las posiciones donde se "enchufa" cada línea, transformador o proyecto que llega). El número de paños es limitado, y ese límite —como veremos— lo decide casi todo.
Las Delicias: la puerta de salida de la energía
La subestación Las Delicias, cerca de Quirihue, sería una subestación seccionadora de 220/66 kV con un transformador de 75 MVA (un transformador, en simple, es el aparato que sube o baja la presión de la electricidad). Su trabajo principal sería ser la puerta por donde la generación de la zona saldría hacia el resto de Chile. Tendría dos patios:
- Patio de 220 kV (alta presión), donde según la ingeniería de los planes se ocuparían posiciones para: los dos circuitos que llegan desde Dichato; los dos circuitos que llegan desde Nueva Cauquenes; el transformador 220/66 kV; un espacio para un futuro segundo transformador; y dos diagonales libres para conectar nuevos parques. La ampliación del Plan 2024 sumaría más posiciones para recibir la línea Tiquel–Las Delicias, dejando además dos posiciones reservadas para obras decretadas en futuros planes.
- Patio de 66 kV, con posiciones para el transformador, la línea hacia Coiquén y dos paños libres para proyectos menores.
Coiquén: la subestación pensada para repartir en casa
La subestación Coiquén sería distinta. No es una puerta de salida, sino una subestación primaria de distribución: estaría pensada para entregar electricidad a la zona. Su patio de 66 kV ocuparía paños para: el transformador 66/23 kV de 20 MVA; los dos circuitos de la línea que llega desde Las Delicias; un paño acoplador de barras; y dos paños libres para futuros proyectos. Su patio de 23 kV —el de distribución local— tendría el paño del transformador, los alimentadores existentes, servicios auxiliares y espacio para dos alimentadores futuros.
Aquí aparece la primera lección incómoda: Coiquén solo podría entregar localmente lo que pase por ese transformador de 20 MVA. Veinte MVA equivalen a unos 19 MW. Ese sería el techo del suministro local de toda la zona.
La fotografía real del consumo: la falla de diciembre de 2025
¿Y cuánto consume hoy nuestra zona? Hoy la provincia se alimenta de la actual subestación Quirihue, de 33/23 kV, propiedad de CGE, de la que cuelgan los alimentadores "Los Presidentes" y "Vegas Verdes" en Quirihue, el alimentador "Cobquecura" —que se estira hasta Cobquecura, Pelluhue y parte de Cauquenes— y el de "Trehuaco". Un informe de falla del Coordinador Eléctrico Nacional (EAF 528/2025) dejó una fotografía precisa: cuando en diciembre de 2025 se cayó la barra de 23 kV de Quirihue, se perdieron del orden de 2 a 4 MW de consumo, dejando sin luz a más de 11.000 clientes en Quirihue, Cobquecura, Pelluhue, Cauquenes, Ninhue y Treguaco. Durante un mantenimiento de rutina, la barra tuvo que ser alimentada "en préstamo" desde la lejana subestación Tomé, y bastó una falla en ese arreglo improvisado para dejar a miles a oscuras.
Esa cifra es enormemente reveladora. La demanda de toda esta porción del Valle del Itata se cuenta en unos pocos megavatios —del orden de una a dos decenas de MW en total—, atendiendo a más de diez mil familias. Para que se entienda la desproporción: un solo parque eólico de los que pretenden conectarse, como Cobquecura con sus 250 MW, generaría más de cien veces lo que consume hoy toda la zona junta. Es cierto, entonces, que la zona necesita robustez eléctrica. La pregunta es si esa robustez —que cabría en una obra modesta— justifica el desembarco de miles de megavatios de generación para exportar.
El corazón del asunto: cuánto se generaría frente a cuánto se quedaría
Juntemos las piezas. Alrededor de Las Delicias se ha formado una verdadera fila de proyectos esperando conectarse, todos solicitudes formales ante el Coordinador Eléctrico Nacional, el organismo que administra quién entra y quién espera. Los proyectos vivos en el patio de 220 kV, en orden de llegada, serían cuatro:
| Orden | Proyecto | Tipo | Potencia | Dueño / capital |
|---|---|---|---|---|
| 1° | Parque Eólico Cobquecura | Eólico | 250 MW | GM Developments |
| 2° | Parque Eólico Los Cardos | Eólico | 108 MW | RWE Renewables (alemán) + Forestal Arauco |
| 3° | Parque Eólico Quirihue Poniente | Eólico | 170 MW | UKA Chile (alemán) |
| 4° | Parque Eólico Culenco | Eólico | 250 MW | UKA Chile (alemán) |
Eso suma 778 MW. Y detrás se extiende una lista de espera aún más larga —Orinoco, Esmeralda (de Colbún, eólico, 350 MW), Fariña (Andes Mainstream), Chanco (Enel Green Power), Ambrosía (Atlas Development), El Parrón, y el propio PE Las Delicias (de Besalco)—, que en conjunto superarían los 1.800 MW adicionales. En total, del orden de 2.500 a 2.800 MW de proyectos pugnando por nacer en torno a Quirihue y Cobquecura.
La fila de conexión en torno a S/E Las Delicias (MW por proyecto)
Solicitudes de conexión por Acceso Abierto (Coordinador Eléctrico Nacional). La barra "Resto de la lista de espera" agrupa a Orinoco, Fariña, Chanco, Ambrosía, El Parrón y PE Las Delicias, cuya potencia individual no se detalla en las fuentes citadas; el conjunto de la espera superaría los 1.800 MW adicionales.
Un detalle que conviene subrayar: buena parte de estos capitales son extranjeros —alemanes (UKA, RWE), más operadores internacionales y grandes generadoras nacionales—, y la línea que los sacaría es de la española Celeo. Es decir, el viento del secano de Ñuble se transformaría en retornos para inversionistas de fuera, mientras el territorio carga con las torres. Y las patentes comerciales millonarias —ese impuesto local que en teoría debería compensar a las comunas que ponen el suelo— se pagan, en muchos casos, en las comunas donde estas empresas tienen sus oficinas: Las Condes, Vitacura, Providencia. Quirihue y Cobquecura quedarían con el paisaje intervenido; las arcas municipales de la capital, con la recaudación.
Ahora, la cifra que de verdad importa para nosotros. Mientras la única salida fue la congestionada línea costera, todos esos proyectos quedaron detenidos: no tenían por dónde evacuar. Por eso la línea Tiquel–Las Delicias resulta decisiva: al habilitarla (Plan 2024), abriría del orden de 950 MW de capacidad firme de salida, suficiente para que los cuatro parques vivos finalmente inyectaran su energía… hacia afuera.
Y aquí está el punto crítico que rara vez se dice con todas sus letras: de esos cientos o miles de megavatios que podrían generarse, lo que quedaría para el consumo local sería prácticamente nada. El suministro de la provincia seguiría dependiendo del transformador de 20 MVA de Coiquén —unos 19 MW como techo—, y para colmo, ni siquiera ese pequeño espacio estaría necesariamente disponible para "lo local": como veremos, los dos paños de Coiquén ya fueron pedidos por dos centrales de generación que también quieren exportar.
La desproporción, en un solo gráfico (MW)
El consumo real de la zona (2–4 MW, según la falla de dic. 2025) y el techo local de Coiquén (19 MW) resultan casi invisibles junto a la generación proyectada. Esa invisibilidad es, exactamente, el punto.
Se podrían generar más de 2.000 MW en torno al Itata; de esa enormidad, lo que la zona consume y la infraestructura está diseñada para dejar aquí es del orden de unos pocos a una veintena de MW. El resto pasaría de largo.
El cuello de botella del camino vecinal (y por qué Coiquén no nos "regalaría" energía)
Recordará el número que pedí guardar: la línea Las Delicias–Coiquén aguantaría unos 46 MVA por circuito. Esa estrechez explica una tensión reveladora. Dos proyectos de generación —los parques Ostro (90 MW, de Solarpack) y Florencia (90 MW)— pidieron conectarse no en Las Delicias, sino directamente en el patio de 66 kV de Coiquén, ocupando justamente sus dos paños libres. El problema es que 90 MW, y más aún 180 MW entre los dos, no caben por un camino vecinal de 46 MVA. Por eso esos proyectos también figuran detenidos, a la espera de ingeniería.
La lección es importante para desarmar un malentendido: aunque Coiquén es "la subestación de la zona", sus paños disponibles ya están comprometidos por generación que quiere salir, no por consumo que quiera quedarse. Coiquén tampoco sería una fuente de energía regalada para Itata: seguiría siendo, sobre todo, un punto de paso.
¿Y si llegara un gran consumidor? El caso de la desaladora de Cobquecura
Aquí entra un proyecto del que se ha hablado mucho. El Plan Nacional de Infraestructura Pública (PNIP) 2025–2055, presentado por el Ministerio de Obras Públicas, contempla una desaladora regional en Cobquecura, de unos 36 a 40 MW de consumo y una inversión que se ha mencionado en torno a los $250.000 millones. Una desaladora no genera electricidad: la consume, y mucho.
En lo estrictamente eléctrico, un gran consumidor se comporta al revés de un generador: en vez de llenar las autopistas de salida, las aliviaría, porque usaría la energía aquí mismo. En ese sentido técnico, sería incluso "bienvenida". Su obstáculo sería prosaico: no habría paño libre (los de Coiquén los pidieron Ostro y Florencia; los de Las Delicias en 66 kV, otros dos proyectos), y 40 MW es demasiado para el transformador de distribución de 20 MVA, de modo que tendría que conectarse en alto voltaje con su propio equipo, o esperar una ampliación.
La desaladora, mirada con ojo crítico
Se la suele presentar como "la solución" a la escasez hídrica de la zona, cuando en rigor sería una solución cara, energointensiva y de final de tubo: desalar agua de mar para suplir un agua que el territorio supo retener. Frente a esa lógica, las alternativas reales y de bajo costo siguen siendo las que el propio paisaje del secano ofrece: la cosecha y acumulación de aguas lluvia, los embalses y tranques pequeños de retención, la recuperación de quebradas y humedales como zonas naturales de infiltración, y una agricultura adaptada que retenga el agua en el suelo en vez de sellarlo. Una desaladora gigante alimentada por una matriz de megaparques eólicos resuelve el síntoma mientras consolida el modelo que seca y fragmenta el territorio. No es casual que aparezca en el mismo plan, en la misma costa, junto a las mismas torres.
Los parques, las comunidades y un riesgo del que nadie se hace cargo
La resistencia en el Itata no es un puñado de voces aisladas. En San José de Cobquecura —una localidad rural de unas 60 familias que quedaría prácticamente rodeada de torres— las juntas de vecinos se han organizado para presentar observaciones, y lo mismo ocurre en sectores como Las Tunas (con la Junta de Vecinos San Sebastián de Las Tunas) y en otras localidades de Quirihue y Cauquenes. Las preocupaciones son concretas: el ruido y la sombra intermitente de aerogeneradores a menos de mil metros de las casas, el impacto sobre la avifauna, la colisión con la vocación turística y agrícola de comunas que se piensan a sí mismas como destinos sustentables, y el uso de suelo en cerros que hoy sostienen bosque y agua.
Torres, aspas y fuego: la pregunta que nadie responde
Hay un riesgo del que casi nadie habla y que en una zona de veranos secos e incendios recurrentes debería estar al centro del debate: el combate aéreo de incendios forestales es, en la práctica, inviable dentro de un parque eólico en operación. Los aviones y helicópteros cisterna no pueden volar con seguridad entre torres de más de cien metros de altura con aspas en movimiento. Y estos parques no son pequeños: un solo proyecto puede ocupar fácilmente miles de hectáreas de cerros. Eso significa que extensas superficies del secano costero —rodeadas de plantaciones forestales altamente inflamables— podrían quedar como zonas donde el ataque aéreo del fuego se vuelve imposible, con comunidades rurales atrapadas entre la torre y la llama.
Lo más grave es que, hasta ahora, ninguna institución se está haciendo cargo de este problema. Ni Senapred, ni Conaf, ni la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), ni el propio SEA han establecido un protocolo claro sobre cómo se combatirá el fuego dentro y alrededor de estos parques. Y aun así, el SEA sigue aprobando proyectos haciendo caso omiso de las observaciones ciudadanas que, una y otra vez, levantan esta misma alarma. Para un territorio que ha visto arder Ñuble y el Biobío en los últimos veranos, no es un detalle técnico: es una cuestión de vida o muerte que merece estudio serio y respuesta clara antes de aprobar, no después.
¿Es esto grande o pequeño? Una comparación para dimensionar
Para saber si estamos ante algo enorme o menor, ayuda comparar con las grandes obras de seguridad hídrica que el propio Estado impulsa en la misma región, que son justamente del tipo de soluciones que el territorio reclama:
- El embalse Nueva La Punilla, en San Fabián y Coihueco, la mayor inversión pública en la historia de Ñuble, costaría del orden de US$607 millones (unos $546.250 millones) y daría seguridad de riego a 65.000 hectáreas para casi 5.000 agricultores.
- El embalse Zapallar, para las comunas de El Carmen y San Ignacio, implicaría una inversión cercana a US$160 millones solo la presa (y hasta ~US$300 millones con sus obras anexas), sumando 10.000 hectáreas al riego.
Inversiones comparadas en el mismo territorio (millones de US$)
Eólicos de Ñuble: proyectos ingresados al SEA. Embalses: cifras públicas del MOP (Zapallar: solo la presa). Penco: proyecto de tierras raras "Módulo Penco" de Aclara Resources.
Ahora pongámoslo en perspectiva: los parques eólicos de Ñuble ya ingresados al SEA sumarían US$2.636 millones —más de cuatro veces el embalse Punilla, más de ocho veces el Zapallar—, y eso sin contar la línea Itahue–Hualqui (US$324 millones) ni las nuevas obras de transmisión. Dicho de otro modo: en el mismo territorio donde el agua para la gente avanza a tropezones y con plazos que se estiran por décadas, la inversión privada para exportar electricidad se mueve con una velocidad y una magnitud incomparablemente mayores. Las prioridades quedan a la vista.
(Como referencia adicional, y para quienes en el Biobío también resisten el extractivismo: el cuestionado proyecto de tierras raras de Penco —antes "El Cabrito", hoy "Módulo Penco" de Aclara Resources, controlada por el grupo peruano Hochschild junto al chileno CAP y el fondo New Hartsdale Capital, rechazado por el 99% de la comunidad penquista en una consulta— considera una inversión de unos US$130 millones. Es decir, un solo grupo de parques eólicos en Cobquecura movería casi diez veces lo de esa mina que tanto rechazo ha generado. La escala de lo que se proyecta sobre el Itata es, simplemente, otra liga.)
Lo que de verdad podría defender a las comunas
Frente a este panorama, la salida no pasa por resignarse a recibir las migajas eléctricas de Coiquén, sino por algo más profundo: defender la identidad y la vocación de estas comunas. Cobquecura, Quirihue, Trehuaco y sus localidades no son un terreno baldío esperando torres: son territorios con una identidad agrícola, vitivinícola, turística y patrimonial —el secano costero, las viñas patrimoniales del Itata, el borde marino, los humedales— que un "tsunami eólico" pondría en riesgo. Proteger eso es, en sí mismo, un proyecto de desarrollo.
Y en lo energético, la verdadera solución no es ser furgón de cola de la exportación, sino apostar por estrategias energéticas locales: generación distribuida a escala comunitaria, cooperativas eléctricas, autoconsumo para la pequeña y mediana producción local (el sector maderero, frutícola, vitivinícola y turístico que hoy no puede crecer por falta de red), y soluciones hídricas y energéticas pensadas desde el territorio y para el territorio. Una provincia declarada zona de rezago no necesita convertirse en zona de sacrificio: necesita infraestructura a su medida, decidida con su gente.
En esa conversación se inscribe —aunque conviene tomarla con cautela— la idea, planteada por autoridades sectoriales y recogida por la prensa regional como el diario La Discusión de Chillán, de extender una línea desde Coiquén hacia la actual subestación Hualte, en Ninhue, para "anillar" la zona y dar mayor seguridad al suministro. Es una promesa razonable sobre el papel; la pregunta crítica es si se cumpliría con la misma celeridad con que se construyen las autopistas de exportación, o si quedaría, como tantas veces, para un "después" que no llega.
En resumen, para la conversación de la comunidad
Lo que se proyecta para el Valle del Itata podría resumirse así. Llegarían nuevas autopistas eléctricas —la línea Itahue–Hualqui de la española Celeo como columna vertebral (aprobada en 2025 pese al rechazo ambiental previo), y la línea Tiquel–Las Delicias con su rampa de 500 kV Tiquel–Tiuquilemu del Plan 2024 como segunda salida hacia el sistema nacional—. Habría dos subestaciones de roles opuestos: Las Delicias (que incluso cambió de lugar entre un plan y otro, hacia Pocillas), la puerta por donde saldría la energía hacia el resto de Chile; y Coiquén, la que repartiría localmente, limitada a unos 19 MW y con sus paños ya pedidos por generadores. Y se desataría una avalancha de generación: más de 2.000 MW eólicos en proyecto, de capitales mayoritariamente extranjeros, que tributan sus patentes lejos de aquí.
La pregunta de fondo, ahora con los datos a la vista, no es si se generaría energía —se generaría muchísima—, sino cuánta de esa riqueza se traduciría en beneficio concreto para la provincia, y a qué costo ambiental, social y patrimonial. Porque la electricidad, como el agua del río, puede pasar de largo o puede regar el valle por el que cruza. Y esa, más que una decisión técnica, es una conversación política y territorial que nos corresponde dar a todos quienes habitamos el Itata.
Nota sobre las cifras y las fuentes: los datos de potencia, capacidad, plan de expansión y emplazamiento provienen de la Comisión Nacional de Energía (Planes de Expansión 2021 y 2024) y del Coordinador Eléctrico Nacional (incluido el Estudio de Análisis de Falla EAF 528/2025 sobre la actual S/E Quirihue, y las solicitudes de conexión por Acceso Abierto). Los montos de inversión, propietarios de los parques, datos de los embalses y antecedentes de la oposición comunitaria provienen de prensa regional y nacional (La Discusión, La Tercera, Diario Concepción, Diario Financiero, Terram, Interferencia, entre otros) y del PNIP 2025–2055 del MOP. Algunas cifras —como la inversión exacta de la desaladora, la superficie de cada parque, o el posible reingreso al SEA del PE Culenco por el cambio de emplazamiento— son referenciales o interpretativas, y conviene contrastarlas con los expedientes oficiales de cada proyecto. La equivalencia en número de hogares por MW es una referencia de orden de magnitud para facilitar la lectura.